
¿Nuestro teléfono nos pertenece de verdad?
¿Qué implica ser dueño de algo? Compré un móvil que es mío, pero son ellos quienes controlan lo que hago con él
Imagina comprar un coche, solo para que el fabricante deje de fabricar las piezas de repuesto unos años más tarde. Lo llevas al taller para el mantenimiento de rutina, pero el aceite de motor oficial ya no se produce. Una marca de terceros fabrica un sustituto idéntico y de alta calidad. Lo usas. Sin embargo, en el momento en que llegas al peaje de la autopista, un escáner automático te niega la entrada porque tu aceite carece de la firma digital del fabricante original.
Nadie aceptaría algo así. ¿Por qué lo aceptamos en nuestros teléfonos móviles?
Cuando nos compramos un móvil, pagamos para que sea nuestro al cien por cien, pero la sensación es la de estar viviendo de alquiler. A los fabricantes les basta con dejar de lanzar actualizaciones de software para decidir cuándo un aparato que funciona de maravilla se convierte en un pisapapeles.
La comunidad ya ha dejado claro que esto es un problema totalmente inventado. Hay grupos de desarrolladores independientes (como LineageOS) que se dedican a sacar actualizaciones para teléfonos viejos, consiguiendo que un Samsung Galaxy S7 de 2016 siga vivo, sea seguro y rinda de maravilla a día de hoy.
Pero las marcas y los gigantes tecnológicos se defienden usando tres trucos principales:
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Cargadores de arranque bloqueados (bootloaders): Las marcas le ponen un candado digital al corazón del teléfono. Da igual que hayas pagado por el aparato; se niegan a darte la llave para instalar un sistema diferente y actualizado cuando ellos deciden dejar tirado al tuyo.
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Bloqueo de aplicaciones: Da igual que consigas instalar un sistema seguro de la comunidad para estirar la vida de tu móvil; ahí es donde se meten gigantes como Google para cortarte el paso. Marcan tu teléfono como “no seguro” y, de golpe, te dejan de funcionar aplicaciones del día a día que necesitas sí o sí, como la del banco, el abono transporte o el DNI electrónico.
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La excusa de la “seguridad”: Las empresas dicen que bloquean el software alternativo por tu propio bien. Pero la realidad es otra: los sistemas de la comunidad que se enfocan en la privacidad suelen ser muchísimo más seguros que el software obsoleto que te dejó el fabricante. Estos bloqueos no protegen a los usuarios, solo protegen el control que tienen las corporaciones.
Por qué hace falta que intervenga la ley
El “derecho a reparar” no puede quedarse solo en destornilladores y pantallas de repuesto. Tiene que incluir también el software. Un aparato reparado y al día no debería ser tratado como una amenaza o como un dispositivo hackeado.
Si la Unión Europea es capaz de obligar a que las baterías sean intercambiables, también puede garantizar nuestro derecho a controlar el software de los aparatos que compramos. Necesitamos leyes que aseguren:
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¡Que nos den las llaves!: Los fabricantes de móviles tienen que ofrecer una forma sencilla e inmediata de desbloquear nuestros aparatos. Nada de tiempos de espera ni de obligarnos a crear cuentas especiales. Si compramos el hardware, nos quedamos con las llaves, exactamente igual que cuando te compras un candado.
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¡Basta de castigar a los móviles seguros!: Los chips de seguridad de nuestros teléfonos tienen que aceptar cualquier llave que queramos instalarles. Que elijas un sistema operativo alternativo no debería significar, por defecto, que salten todas las alarmas del móvil.
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¡Que las aplicaciones esenciales sigan funcionando!: Debería ser ilegal que las aplicaciones críticas (como la del banco, el DNI electrónico o el abono transporte) te bloqueen solo porque has decidido instalar un sistema diferente para alargar la vida de tu móvil.
¡Ser el dueño de algo de verdad significa tener la libertad de cuidarlo, arreglarlo y hacer que dure!. ¡Ya es hora de que la ley europea consiga que lo que compramos sea, de una vez por todas, nuestro!.
